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EL SANTUARIO DE PACHACAMAC

El Santuario de Pachacamac se ubica en la costa central del Perú, en las estribaciones de los Andes al sur de Lima. Se accede al sitio por la antigua Panamericana Sur en el distrito de Lurín. El sitio tiene una extensión de 465 hectáreas y está dividido en dos sectores por la carretera: el Sector Sur (o Sector Monumental) y el Sector Norte (o Pampa de Atocongo)
 

DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES

El Sector Sur, con una extensión de casi 158 hectáreas, contiene el área monumental arqueológica de Pachacamac y el Museo de Sitio. Hacia el límite sur del sector, yace el conjunto de los tres templos que constituyen el núcleo del Santuario: el Templo Viejo, el Templo Pintado y el Templo del Sol. Al noreste de dicho núcleo se encuentran la Plaza de los Peregrinos — un espacio rectangular de trescientos metros de largo y setenta de ancho— y las llamadas Pirámides con Rampa, ubicadas al interior de una serie de espacios cercados con muros de adobe. Finalmente, al este y al oeste del sector, se encuentran tres estructuras de valor excepcional: el Templo de Urpi Wachaq, el Taurichumpi y el Templo del Acllawasi o Conjunto de las Mamaconas (éste último restaurado y reconstruido por el arqueólogo Julio C. Tello a inicios de la década de 1940). Hacia el norte del área monumental, cruzando la antigua carretera Panamericana, se encuentra el Sector Norte o Pampa de Atocongo, con una extensión de 305 hectáreas, que contiene el área de intervención del proyecto [Fig. 2]. La topografía en este sector se eleva gradualmente desde la carretera, llegando a su mayor elevación en el lindero norte y noreste del área intangible, donde el Santuario colinda con la expansión urbana de Lima hacia el sur, específicamente con los asentamientos humanos del distrito de Lurín y Villa el Salvador. El sector contiene, además, dos estructuras arqueológicas importantes: un tramo de la Segunda Muralla, cerca al límite este del tablazo, y los restos de la Tercera Muralla y Puerta, hacia el centro de la Pampa de Atocongo.
 
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La relación entre el Santuario y su entorno ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Lo que antes era un perímetro rural, escasamente ocupado, se ha convertido hoy en una línea de defensa marcada por el abandono y la invasión. En ciertos tramos, esta línea está definida físicamente por un muro o una secuencia de hitos de concreto que hacen poco para mitigar los efectos destructivos de la expansión circundante. En otros, la línea es simplemente un descampado o un basural [Fig. 3]. Ambos lados salen perjudicados: el Santuario se ve constantemente agredido por las actividades de la población local y los habitantes de la zona se ven privados de un espacio público que pueda mejorar su experiencia cotidiana del lugar. Las vías que atraviesan el sitio en este sector —la antigua Panamericana Sur y la carretera a Atocongo (hoy la Av. Lima)— agravian la situación al favorecer el ingreso no controlado a la zona y el arrojo de escombros a lo largo de las rutas [Fig. 4]. Esto, aunado a la falta de vigilancia, ha convertido la Pampa de Atocongo en un descampado donde los restos arqueológicos coexisten, a duras penas, con la basura, los caminos informales, y el vandalismo.
Lo que solía ser un borde rural se ha transformado en una débil línea de defensa, resistiendo a duras penas la amenaza del crecimiento urbano
Vista general del Santuario desde las Ruinas de Pachacamac.
Copyright 2017-Marcela Durand
El vulnerable borde entre el Santuario y los Asentamientos Humanos.
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Imágenes - cortesía de 2021 Proyectos del Bicentenario